Código da Vinci

sábado, 28 de junio de 2008

CON HÁBITO Y A LO LOCO

CASOS CURIOSOS DE LA INQUISICIÓN DE LLERENA


Desde tiempos muy remotos, a los conventos acudía toda clase de gente, a menudo, no por razones religiosas. Ya en la antigüedad, entrar en un convento era una decisión tan poco voluntaria como pueda serlo hoy el entrar en una fábrica. En la Edad Media, la nobleza hacía que algunos de sus hijos tomaran hábitos para asegurar su futuro, otros abrazaban la vida monacal por un desengaño amoroso, por miedo a un matrimonio que se aborrecía, o porque eran muy feos. Y de vez en cuando por algún crimen, porque los conventos tenían derecho de asilo.
Amén de estas realidades históricas, en este presente artículo nos vamos a centrar en los conventos femeninos, y sobre todo en uno, de cuyo nombre no quiero hacer mención porque el documento que presentare a continuación tampoco hace relación a éste.
El convento a quien hace mención el legajo de la Inquisición de Llerena, se encuentra en Badajoz ciudad, y en éste, van a suceder unos acontecimientos muy particulares que el obispo de Badajoz va a tener que solucionar.
Son muchas las veces que hemos oído decir y contar historias, de enterramientos de niños que habían aparecido en conventos abandonados, niños que nacían en dichos lugares y que las propias monjas ponían en las puertas del convento para hacer creer a la población que una mala madre había abandonado a la criatura, estando su verdadera engendradora dentro del recinto religioso.
Investigando en el archivo histórico nacional los legajos y manuscritos de la Inquisición de Llerena, me encuentro de repente con una historia de las que cuando uno la lee dice, <>. Los hechos para situarnos suceden en el año 1663, y lo que cuenta el tan sonoro hallazgo es lo siguiente.
Con esta remitimos a V. A., copia de una petición que presentó en éste tribunal por su propio curado D. Pedro Fernández Pretel, comisario de este Santo Oficio, y Chantre de la Santa Iglesia de la ciudad de Badajoz. Y por hacer en ella mención, de que el Obispo de aquella ciudad le tiene preso por causa criminal sin expresarla en dicha petición, despachamos mandamiento ordinario, inhibitorio, citatorio, y compulsorio, con la cláusula justificativa y supersesoria en el ínterin, para que el Obispo o su provisor se inhibiera de su conocimiento, o diese razón, guardando en el dicho mandamiento la cortesía debida al Obispo. Encargándole sin censuras, caso que conociese de ellas, no las innovara, y a demás de esto, ordenamos a D. Juan Solano de Figueroa, canónigo de penitencia de aquella Iglesia, dijese a la parte, no usase del dicho mandamiento hasta que el tribunal hubiese dado un recaudo al obispo con toda urbanidad y cortesía.
De momento lo que intuimos en esta petición hecha por el Chantre de la Catedral de Badajoz, es que, él mismo está preso por haber cometido algún delito tildado y amonestado de causa criminal. El señor obispo de Badajoz lo tiene preso, pero ¿porqué? Eso es lo que vamos averiguar a continuación, seguimos quitándole polvo al documento, y el mismo con su particular aroma nos cuenta los hechos sucedidos.
Y que por carta escrita a D. Pedro de Chávez receptor de éste Santo Oficio, por dicho D. Pedro Fernández Pretel, supimos que la causa por la cual el Obispo procedía contra él, era de incontinencia con una monja de un convento contiguo a las casas de su morada. Y que las monjas de dicho convento por un tabique le llamaron, y le entregaron un niño en una espuerta, imputándole ser autor de aquel sacrílego parto.
Cumpliendo con lo que V. A. manda, en la carta acordada, el 7 de agosto de 1662 recibida en esta Inquisición, el día 6 de octubre de dicho año dimos cuenta a V. A. de lo que en esta materia se ha obrado. No sabemos si la dicha parte, habrá hecho notificar dicho mandamiento inhibitorio al Obispo, o, a su provisor, lo que sí aseguramos a V. A. es que no procederemos adelante sin dar cuenta a V. A. de lo que respondieren, si no es en los casos exceptuados en dicha carta acordada.
Suplicamos a V. A. nos advierta lo que debemos hacer, porque por ser este negocio tan grave y que toca la honra de una religiosa, y por consiguiente a la de su convento, nos parece cosa dura traerle a juicio forense. Si bien el obispo ya a tomado la decisión, de hacer notorio los hechos con la demostración pública de su prisión, estando el dicho Chantre preso en la torre de la Iglesia de Santa María del Castillo de Badajoz, y sus bienes confiscados, lo cual nadie lo ignora.
Llerena 17 de agosto de 1663.
Sin duda ninguna un curioso documento el cual, pone de manifiesto que las monjas con barriga y los partos en los conventos fue una realidad manifiesta, y no una mera leyenda negra. Son varias las monjas solicitadas por sacerdotes en los confesionarios, pidiendo éstos tener acceso carnal con las religiosas, hechos que las mismas mujeres entregadas a la vida monacal denunciarán al tribunal de la Inquisición, sigamos el siguiente caso.
En Almendral, un religioso descalzo de la orden de San Francisco del convento de Roque Amador, conocido por el apellido Barrabás, fue delatado por solicitante por pedir prácticas heréticas a una religiosa. Puesta la denuncia por la religiosa en el comisariato de Almendral, el cual manda la misma el 28 de febrero de 1726 a Llerena. Fue preso en las cárceles secretas de la Inquisición, fue sacado a auto de fe y que su condena de cárcel la cumpliese en las celdas de su convento.
Nuestros personajes protagonistas, una vez puesto el hábito, hicieron voto de obediencia, de pobreza, y castidad, pero tanto el Chantre de Badajoz, como la monja cómplice de esta real historia, o el fraile de Roque Amador no soportaban el peso y el sacrificio inaudito del voto de castidad. Sus instintos naturales no los podían reprimir, y es que como dice el refrán, <>, la naturaleza imponía su razón y a partir de ahí sálvese quien pueda. Conozcamos el siguiente caso, el religioso que viene a continuación es de Plasencia, y desde luego su particular calentura le llevaba a movimientos de esta magnitud.
FRAY JERÓNIMO JIMENEZ. Padre de la compañía de Jesús, fue condenado por solicitar en el sacramento de la confesión a una mujer, la requería de amores con palabras no muy claras, después pasado unos días tuvo según su declaración cuenta carnal con ella. Otra mujer dice: que en la confesión le dijo que mucha simiente echaba un hombre cuando tenía relación carnal con una mujer, y señaló con su mano la simiente. También le dijo a la testigo, que el se subiría a la tribuna y que cuando ella se sentase en el banco abriera sus piernas.
Aquí termina el presente artículo, todo un canto a la libertad sexual y no a lo estrictamente reprimido, y es que los protagonistas de esta realidad histórica, andaban como el famoso título de la película interpretada por Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis <>.

FERMIN MAYORGA
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